domingo, 29 de octubre de 2017

Arnet, Arnet, mi querido Arnet...

0800-555-9999, opción 3 (administración), 20:45PM (atienden hasta las 21hs):
- Buenas noches, soy fulano, ¿En qué puedo ayudarlo?
- Buenas noches, quisiera saber que planes de conexión a internet tienen actualmente.
- Como no, brindeme sus datos: N° de teléfono y titular.
- Si, XXXX.
- Perfecto señor, pero usted ya posee una conexión de 1 MB...
- Si, pero no estoy pudiendo usarla. Pasa que hace un mes me compre una computadora con Windows 7 y no puedo conectar el modem "redondito" (ja,ja como lo dije). El MT810.
- Claro, ese modem no posee soporte para Windows 7. Lo que tiene que hacer es adquirir un nuevo modem.
- Ah bueno, ¿Ustedes me envían uno sin cargo?
- No, en realidad tiene un costo: $99,00 mas $29,90 del envío...
- Eh, pero soy usuario de arnet hace años, y según leí, el modem que tengo exige Windows 98 o superior, y Windows 7 es superior. Me tendrían que enviar sin cargo el modem...
- Sucede que el modem que le entregaron esta en comodato. No podemos enviarle otro sin costo.
- Tengo amigos a los que le han entregado el modem nuevo sin cargo. Me parece injusto que me quieran cobrar. No hay forma de que me lo puedan enviar sin cargo.
- No señor...
- Bueno, hago una consulta más...
- Si señor...
- Si yo me doy de baja del servicio no me cobran, ¿Cierto?.
- No señor.
- Y si después vuelvo a darme de alta, me envían el modem nuevo sin cargo, ¿Correcto?
- Si señor. Pero tenga en cuenta que el proceso de baja puede demorar un tiempo necesario, y luego tendrá que esperar otro tiempo para la digitalización de la línea y todo eso.
- No importa, si igual tengo un modem portátil Claro acá que estoy usando.......
- Aguarde unos minutos señor, que voy a consultar sobre su caso....
- Bueno, como no.
MUSICA DE ARNET, UNA DULZURA PARA LOS OÍDOS!
- ¿Señor?
- ¿Sí?
- Teniendo en cuenta su caso, podemos enviarle el modem. Va a tener que pasarme los datos de su domicilio.
- Calle XXXX. ¿Quiere decir que el modem me lo envían sin cargo?
- Si señor, le estaría llegando en 10 días.
- Listo, muchas gracias (juró que me re aguantaba las ganas de matarme de la risa del tipo y de la empresa...)
- A Usted señor. Y disculpe las molestias ocacionadas.

lunes, 5 de mayo de 2014

Cien años de magia

No escribí el artículo antes quizás por la falta de palabras adecuadas, quizás por el pequeño shock inicial (aunque haya sido un fallecimiento, cómo decirlo, "natural" por la avanzada edad y salud). Pero indudablemente uno nunca se lo espera, lee la noticia dos veces, queda como congelado, revisa otras fuentes, espera... como si tales acciones pusieran el reloj a girar en el sentido contrario.

Mi anterior publicación fue un homenaje a Manuel García Ferre, alguien que marcó el inicio de mi adolescencia, tristemente por su deceso. Hoy deseo hacer lo mismo para con otro escritor, pero no cualquier escritor, sino uno que a pesar de haber leído un solo libro de él y varios pensamientos aislados, construyó parte de mi respeto y amor por la literatura, y al cuál considero uno de los mejores escritores de todos los tiempos, de Latinoamerica y el mundo. Dicho esto, les habló de Gabriel García Márquez.


Aún hoy trato de recordar cómo llegó ese libro a mis manos, Cien años de soledad. Lo que sí estoy seguro, es que fue uno de los pocos libros en mi vida que me obligó a detenerme en varios de sus párrafos o capítulos enteros y volver a releerlos. Era fascinante, molesto, y a la vez mágico cómo García Márquez me manipulaba, a la par de los personajes, la palabra y el tiempo. Sí, el tiempo. Porque si hay algo que caracteriza a esta saga de la familia Buendía, de los Aurelianos y las Amarantas, es el tiempo. El autor no tiene inconvenientes en tomarlo como una especie de personaje más, como algo natural de la historia, creando una obra que no solo traspasa las fronteras de sus propias palabras, sino la de la vida del lector mismo.


Sus personajes son una delicia, con personalidades, virtudes y defectos muy bien definidos, marcados a través de las distintas generaciones que se suceden, siete en total, por sus nombres (Aureliano, José Arcadio...). El realismo y la ficción están íntimamente entrelazados a lo largo de toda la narración, haciendo que el lector lo asuma como una realidad más, por más inverosímil que sea. Relaciones entre familiares (incesto), locuras y enfermedades mentales reales o imaginarias, y por supuesto la soledad, son temas recurrentes dentro del libro, tratados de forma magistral y hasta se diría osada por lo novedoso del acercamiento. Un universo rico, amplio, que atrapa y arrastra al lector a través de sus historias, llegando al final casi sin respiro y asumiendo que es una de las mejores obras literarias jamás escritas.

Con este libro, García Márquez se hizo merecedor de varios premios, entre ellos el Premio Nobel a la Literatura en 1982 por su obra completa.
Grandes escritores como Pablo Neruda, Mario Benedetti o Mario Vargas Llosa han brindado múltiples críticas sobre esta novela, todas ellas alabando su grandeza y catalogándola como un exponente único de su tiempo y del siglo («El Quijote de nuestro tiempo», P. Neruda)

Aún con todas estas palabras, me quedo corto al describir la grandeza literaria de García Marquez, y en particular de esta obra. Hace poco, el pasado 17 de Abril, el autor dejaba esta vida, seguramente rodeado de sus familiares y amigos; generando una gran tristeza en la literatura mundial. Pero para alegría de todos nosotros, sus libros están y estarán en la biblioteca más cercana (la del barrio, la de un amigo, la de una profesora), esperando deleitar no solo al lector más asiduo, sino también al iniciante que desee recorrer este hermoso camino sin retorno: el de leer.

Adiós Gabo! Voy por uno de tus mundos.


«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo»

lunes, 1 de abril de 2013

Una anécdota de mi vida sobre Manuel García Ferre

Hace unos días falleció un gran dibujante e historietista argentino y mundial, don Manuel García Ferré.

Para mí fue una noticia triste. Recuerdo haber dicho en Facebook que no iba a ingresar a la red social por esos días, para tomarme un descanso aprovechando que muchos colegas y amigos se desconectaban por motivo de semana santa, pero esa tarde lo abrí para buscar un mensaje. Y vi la noticia del fallecimiento.

Un párrafo aparte para decir que me parece muy raro la forma que ha evolucionado la forma de enterarnos de cosas: desde la radio, el televisor, el boca a boca, todos vigentes hasta hoy, pero poco a poco desplazados por las redes sociales y el "instante" que generan, como Facebook y sobre todo Twitter, donde las mismas personas son las encargadas de difundir y consumir. No es extraño entonces que Google apueste por socializar todos sus servicios con una capa de G+, matando grandes herramientas como Reader si es necesario.

La cuestión es que automáticamente recordé con una sonrisa una historia de mi adolescencia, que paso a compartirla con ustedes:

Corría el año 2001, y la Revista Anteojito anunciaba su vuelta. Nunca la había comprado, pero recuerdo que tuve muchísimas ganas de hacerlo.
Por aquel entonces salía semanalmente y costaba $3,90 pesos argentinos.

Yo no tenía ni veinte centavos. Pero mis ganas podían mas, así que idee un plan: todos los días mis padres me daban $0,50 para ir y volver a la escuela en colectivo. Decidí caminar y ahorrar esas monedas. Así que, a las 6:30am, salía de casa y enfilaba para la escuela; a veces con un lindo frío, pero mi objetivo era mas poderoso. Tenia dos kilómetros hasta el colegio.
El retorno era el mismo.

Aun así, con eso juntaba $2,50, cosa que no cubría los $3,90 que necesitaba. Entonces hacía lo mismo para ir a "gimnasia" (Educación Física), y al tener dos clases por semana, sumaba otro peso al ahorro.



Ahora si, disponía de $3,50. Conseguir $0,40 creo se me hacía más ameno, porque la cuestión es que logre comprar 35 revistas de las 50 ediciones que salieron ese año, el último también en que se imprimieron (creo después cerró la editorial).

Cabe aclarar que mi viejo no tenía laburo fijo, por eso todo esto para conseguir los $3,90. Y además, la que me tenía que bancar en la escuela para no gastar en alguna cosa, como algún alfajor y turrón que tuviera ganas. Por aquel entonces tenía 13 años.

Y bueno, hasta el día de hoy conservo esas 35 revistas, todos los coleccionables que vinieron juntos también (hubo uno hermoso que hablaba del futuro, y con cada capítulo yo quedaba fascinado por lo que veía), el libro Gordo de Petete que salió para completar con figuritas autoadhesivas, y hasta hace un año o dos tenía todos los fascículos Trapito (creo los regalé a mi sobrina).

Ah! Y en el año 2000 (si no me falla la memoria) la lleve a mi hermana a ver Manuelita al cine. Estoy casi seguro era la primera vez que veía una película en pantalla grande. Pero quede fascinado con la historia y los dibujos... lo que si, esperaba mis amigos no se enteraran (jaja!).

En fin, este es mi pequeño homenaje a Manuel García Ferré. Que, de existir un mas allá, esta junto al Negro Fontanarrosa haciendo grandes cosas para el Tata.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Los dos pibes de la vereda

Ayer por la noche volvía hacia mi casa, en mi caminata nocturna, cuando cruzo a dos pibes parados al lado de una puerta de rejas.

A uno de ellos, que estaba estirando un poco la cabeza pues la casa era alta, le oigo preguntar: "¿Doña, tiene algo para comer?"

Como les cuento, 'los crucé' y les dije hola con un gesto y un saludo, que me respondieron. Caminé media cuadra más, e inmediatamente me volví (soy lento para pensar).

Llegué hacia ellos y les pregunté directamente: ¿Chicos, ya cenaron? Me contestaron que estaban esperando en esa casa. Les pedí que me aguardaran un ratito ahí, que volvía enseguida (mi casa quedaba como a cuatro cuadras). Y antes de irme, les pregunté: ¿Saben leer? Un SI unisono y seguro fué lo que obtuve.



Fuí a mi casa, recogí lo que tenía en mente y regresé, esta vez con mi hermano, que me acompaño. Por el camino él me decía que creía saber quienes eran los pibes, "los que piden monedas y luego se gastan todo en el ciber" y "son boca sucia", por lo que no aceptaba mucho mi idea de regresar, alegando que quizás ya ni estaban. No comulgo con la idea del ciber, ni un lado ni el otro.. yo personalmente no tenía un peso partido por la mitad hace años y me gastaba los pocos billetes que poseía en un ciber, de puro vicio a decir verdad; pero acá me tienen, apasionado por la informática y Analista Programador. Nadie puede saber si una acción, por más pequeña y mala que parezca, no es un semillita de un futuro mejor.

Pero volviendo al tema, los chicos efectivamente estaban ahí, y no eran los 'descriptos' por mi querido hermano. Les entregué una bolsa con algunas cosas para esa noche, y dentro dos libros de relatos, cuentos y poesía (los del plan Leer x Leer del 2005, Arg). Charlé unos minutos con ellos, y aproveché para preguntarles sus nombres (y presentarme) y si iban a la escuela; grata fué mi sorpresa al escuchar que eran compañeros de 7º grado, Fabián y Agustín. Les dije que sigan yendo, que después iban a poder tener sus cosas.

Como detalle, Agustín tenía en sus manos un sombrero muy bohemio, que noté en ese momento. Me despedí y volví a mi casa.

Y como le dije a mi hermano por el camino, lo más valorable de esa bolsa no era la comida, sino los dos libros. Quién sabe, una pasión puede nacer hasta en el más humilde de los corazones.